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miércoles, 4 de noviembre de 2015

El arte es placer. Es hedonismo, no se trata de hacer algo que sirva. Tiene que ser hecho desde el disfrute de hacerlo sin más y la razón no debe intervenir excepto apoyando el propio proceso artístico.

Es un rollo hacer siempre las entradas iguales "he hecho esto", "luego he estado trabajando aquello" "y el resultado es el de más allá". Así que hoy quería comenzar parafraseando algo que decía Esteve ayer en el Espai d'art y que frecuentemente se me olvida, metido en no sé que exigencias conmigo mismo.
Se trata de hacer algo que te haga vibrar. y si alguien consigue vibrar ante eso que tú has hecho, pues perfecto.

Otra perla de esas que uno va escuchando de fondo y que penetran perezosamente en el lado izquierdo del cerebro, que en ese momento no está conectado y sólo funciona a un 25 %. Y es tan simple como expresan estos dos pensamientos: es una actividad lúdica, que se hace por mero placer, sin ningún tipo de objetivo (aunque desde hace ya mucho los mercados lo hayan incluido entre sus objetos del deseo). Decía John Berger que antiguamente la pintura era algo así como un álbum de fotos que el noble o burgués de turno iba sumando para dar cuenta (y justificar en cierta medida) de su vida y su estilo de vida. Y que por tanto los museos tal y como los conocemos hoy y por ende, el mercado del arte no cumplen para nada esta función. Acababa diciendo que lo más parecido que tenemos a aquello que antes era la función del arte, es el corcho de nuestra casa donde vamos poniendo nuetras cosas, fotos de familiares, entradas de conciertos, flyers, etc. Y pienso que no le faltaba razón en lo que respecta a la función social del arte. Pero el que hace arte porque es curioso y quiere aprender a ver e investigar sobre la realidad por puro placer, tiene mucho ganado.
Todo esto como prefacio a lo hecho ayer en el Espai d'art:
 

Fue una tarde precisamente de eso, de dejarse llevar, experimentar con las pinceladas y los colores sin olvidar todo lo trabajado anteriormente. Destaca por su trabajo (y porque yo mismo también lo destaqué) el árbol de la izquierda y estoy encantado con el tratamiento de luces y sombras en esta parte del cuadro. también durante la primera hora le metí mano a casi todo lo demás: vegetación de fondo y de la derecha, la masa de hierbas amarillentas, las barras de la cerca que están en el medio del cuadro,... Y de un modo satisfactorio en general, sobre todo respecto al amarillo. Otro cantar son los árboles de la derecha, que sin estar mal, me parecen un poco como bloques, creo que en la próxima sesión intentaré darles un aspecto más orgánico. Y en la segunda hora de la sesión la cosa era ir empastando el resto del cuadro:
 

Me encanta hacer cielos con óleo, es tan fácil como coger grandes cantidades de azul y blanco en este caso y dar pinceladas por todos lados respetando mínimamente el claroscuro ;). Me puse un poco con la sierra, aclarando ciertas zonas y encriqueciento el colorido de la misma pero sin entrar en mucho detalle, que creo que dejaré para la última fase. Sí que dejé apuntadas las peñas que asoman aquí y allí para darle tres toques precisos el próximo día y dejarlo todo apañado. Por último maticé toda la masa de primer plano añadiendo ciertos toques de un naranja de cadmio matado con blanco y algo de verde.
Ahora veo el cuadro muy acabado y compacto, lo que es de agradecer tan sólo 3 sesiones y lo que da fe de mis progresos y eficacia con el óleo a la hora de atacar un paisaje. Lo que pienso mientras escribo estas líneas es que estaría genial tratar del mismo modo un paisaje que un retrato o una figura humana, es decir, trabajarlo como un montón de manchas informes y sin tanto remilgo por el resultado. Pero este año toca esto, ya veremos en el futuro.

¡Hasta la próxima!

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